El enigmático funeral costeño en el que sus asistentes murieron
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Los asistentes aseguran que el cadáver desapareció, mientras que los gatos muertos que iban en el ataúd revivieron.
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Álvaro Palacio

El enigmático funeral costeño en el que sus asistentes murieron

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Esta leyenda surgió en Sitionuevo (Magdalena) como venganza a una traición.

Sitionuevo (Magdalena) es un pueblo donde ocurren hechos insólitos como la sorpresiva grabación de una película de Hollywood en los años 50 (Green fireFuego verde) o el desmembramiento de un cura, cuyos restos fueron encontrado en el río en la década de los 70, caso que está relacionado con nuestra enigmática y oscura historia que contaremos a continuación.

Se trata de un hecho escalofriante que ocurrió en el cementerio municipal, el cual es contado por sus pobladores como un suceso ‘del más allá’. “Ese día fueron a enterrar a un difunto, y también terminaron muertos sus asistentes”, dice un poblador.

La leyenda cuenta que la historia está ligada a un amor turbio, la venganza y la magia negra. Todo ocurrió en el cementerio municipal en 1977, durante un entierro, fueron encontrados varios cadáveres al lado de un cajón.

“Ese día estaban enterrando a mi patrón y resultaron muertas otras 23 personas, algo fuera de serie”, relata Jacinto Cortés, antiguo capataz del enigmático difunto y actual dueño de la hacienda La Creciente y la parcela El Higuerón.

AMOR, TRAICIÓN Y BRUJERIA

Cuenta Cortés que su patrón, Aurelio García, era un hombre adinerado y muy respetado por el pueblo. Tenía ganado y además comercializaba mercancía en el puerto; pero todo cambió cuando una familia de extranjeros con su bella hija llamada Amada, se mudaron a este pueblo. Un día mientras Aurelio jugaba dominó en la plaza, la joven se le acercó y le ofreció un jugo de tamarindo, quedando así perdidamente enamorado.

“Ese fue el principio del fin, ya que mi patrón se llevó a vivir a la joven y a su familia a su casa, y lentamente lo fueron matando”. “Entré a la cocina y vi que al lado del jugo de tamarindo que le hacían diariamente había un frasco venenoso, se lo mostré a mi patrón, él ya estaba en las últimas y entre lágrimas me ordenó buscar dos brujos muy conocidos en las orillas del río Magdalena (Catalino y Tomasa)”.

Cortés cuenta que los brujos le prometieron a Aurelio que tomarían venganza durante su sepelio.

EL ENTIERRO OSCURO

Eran la 6:00 p.m. del 7 de septiembre de 1977, cuando empezó el entierro. Hacía un calor insoportable y un vendedor de tinto contaba chistes. De pronto todo quedó en completo silencio, pues ingresaba el cajón, del cual sobresalía la ropa de Aurelio y sus joyas de oro; pero lo más extraño era que habían tres gatos muertos, dos negros debajo de cada brazo y uno blanco en sus pies.

Cuentan que cuando el sacerdote terminó la misa y se disponía a cerrar la tapa del cajón para darle cristiana sepultura, se empezaron a sentir los maullidos de los gatos y las personas empezaron a desplomarse.

“Me cuenta mi padre que los gatos muertos despertaron con los ojos rojos maullando y murieron 23 personas, menos el cura que corrió”, cuenta Rodolfo Beltrán, chalupero y conocedor de la historia.

“A mi patrón lo fueron a enterrar Amada y su familia, y todos murieron. Dicen que el cajón quedó vacío”, rememora Jacinto quien confiesa que los trabajadores se mantuvieron alejados del entierro por orden de los brujos. Desde entonces algunos pobladores cuentan que se trata solo de una leyenda, mientras que otra parte asegura que fue una historia real.

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