Historias de hombres lobos y vampiros en la Costa
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Álvaro Palacio

Historias de hombres lobos y vampiros en la Costa

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Abordaremos los enigmáticos y aterradores archivos de hombres lobos y vampiros en la Costa.

Muchas veces vemos en producciones cinematográficas seres como los hombres lobos, vampiros o zombies y pensamos que solo son producto de la ficción, pero lo cierto es que estos entes están basados en relatos que en la antigüedad eran considerados verídicos.

Anteriormente se afirmaba que estos seres horripilantes se manifestaban en todo el mundo por ende, en Colombia y la Costa, existen historias que relatan cómo estos seres nacieron y aparecieron en nuestro territorio.

A Continuación para nuestros fieles seguidores de historias insólitas de nuestra Sección Misterios, abordaremos los enigmáticos y aterradores archivos de hombres lobos y vampiros en la Costa.

HOMBRES LOBOS CORRIENDO POR LOS PUEBLOS DEL MAGDALENA

Durante los años 50 rondaba el rumor que en muchos de los pueblos del Magdalena habían unos gitanos que, mediante oraciones y ungüentos, se transformaban en hombres lobos durante la luna llena.

Cuenta la leyenda que un día una joven sobreprotegida de familia adinerada se enamoró de un gitano que la convenció de escaparse con él para hacer una vida juntos, pero el padre de la muchacha, quien ya tenía sospechas de lo que ocurriría, decidió encerrarla en su finca mientras era custodiada por los trabajadores armados, hasta que un día entró un lobo enorme que mató a los capataces y secuestro a la joven, mientras que en la lejanía se escuchaban aullidos desgarradores que hacían temblar a todo el que lo escuchaba, cuando los pobladores llegaron donde se encontraba el gitano, se dieron cuenta que el joven y la mujer habían desaparecido y no había rastro de ninguno.

“¡Esa historia me la contaba mi mamá y decía que pasó en su pueblo! Recuerdo que me decía que algunos poseían el secreto para convertirse en hombre lobos desde entonces en la noche cada vez que escuchaba un aullido me acordaba de esta historia” Cuenta Yoryina Ávila.  

VAMPIROS EN EL CARIBE

Es conocido que la leyenda de los vampiros nace en Europa con La novela de “Drácula” de Bram Stoker, inspirada en un príncipe rumano que habitó Transilvania llamado Vlad “El Empalador”, que así como expresa su apodo, solía empalar a sus enemigos mientras comía finos banquetes delante sus cuerpos agonizantes.

En los años 80 llegó a Colombia una película llamada “Pura Sangre” del cineasta Luis Ospina, que contaba la historia de un anciano millonario que padecía de una extraña enfermedad la cual requería la transfusión de sangre de jóvenes y niños para poder mantenerse en vida, para ello sus trabajadores asesinaban a este grupo selecto de individuos, todo mientras Colombia vivía la dictadura de Rojas Pinilla.

Pese que el guión de esta película nos parezca oscuro y surrealista, lo cierto es que en el tiempo de su estreno ya se venían escuchando historias reales y oscuras de vampiros en Colombia. En aquel entonces se comentaba que algunas personas amanecían con mordiscos y chupetones en el cuello, a tal punto que se dio a conocer un caso muy popular alrededor de esta temática.

“Una vampira en Baranoa”, esta leyenda contaba que una joven pidió desenterrar los restos de su madre, pero cuando los sepultaros realizaron el procedimiento se aterraron y huyeron del lugar al ver que la madre de la joven estaba intacta, con los ojos abiertos y con largos colmillos que salían de su boca, según está escabrosa historia, los sepultureros avisaron al pueblo, pero una vez que se adentraron para ver la veracidad del relato, no encontraron a las dos mujeres, sino un cajón vacío.

“Tenía 8 años cuando corrí con la gente a lugar, decían que era una vampira y que su hija la enterraba en cada pueblo para que el espíritu de la madre le chupara la sangre durante la noche a los pueblerino”, relató Ramiro Escobar, anciano del pueblo quien mencionó que durante ese tiempo muchos niños, mujeres y hombres amanecían con mordiscos y chupetones en el cuerpo y que el sacerdote de Baranoa empezó a bendecir con agua bendita los hogares de aquellos que despertaban con estas peculiares marcas. 

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