Bebo Valdés, un grande de la música que nunca pasa de moda
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Bebo, quien murió el 22 de marzo en Estocolmo (Suecia), a sus 94 años es el creador del Batanga, una de las poliritmias más complejas que se ha inventado.
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Redacción ALDIA

Bebo Valdés, un grande de la música que nunca pasa de moda

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El nueve de octubre se cumplen 100 años del natalicio del virtuoso pianista cubano.

Hace 100 años nació en Quivicán, un pueblo situado a 37 kilómetros al sur de La Habana; en el seno de una familia humilde uno de los músicos mayores de la Isla de la Música: el pianista Dionisio Ramón Emilio Valdés, artísticamente conocido como Bebo Valdés. En el libro Hablando de música cubana, el autor, el profesor Raúl Fernández, dedica el capítulo Bebo: el músico que regresó del frio, al genial músico cubano.

Dice Fernández que “a las revoluciones musicales dirigidas por Arsenio Rodríguez para el sonido de los tradicionales conjuntos, e Israel López, Cachao, para las charangas hay que añadir la labor de Bebo Valdés como gran creador musical para el formato de las orquestas de jazzband de los años 40 y 50, director de orquesta que fusiona la música cubana con elementos del jazz, arreglista que saca del anonimato y llega a convertir en estrellas a vocalistas con los más diversos estilos, y pianista que sienta las bases para el desarrollo del jazz Afrocubano”.

Bebo creció entre el Son y el Danzón, con una escolaridad limitada a la primaria, mientras que sus primeros estudios musicales fueron esporádicos. Aprendió piano de manera autodidacta, y cantaba como segunda voz imitando en un sexteto en la escuela, el estilo de Siro Rodríguez del Trío Matamoros.

En 1936 Bebo se matriculó en el Conservatorio Municipal de La Habana, dirigido en aquel entonces por el distinguido compositor Amadeo Roldán, donde estudió piano, composición y teoría con Harold Gramatges y Óscar Muñoz Bouffartique (autor del popular número Burundanga, interpretado por Celia Cruz), allí tuvo como compañeros a Cachao y a Argeliers León.

A finales de la década de los 30 el joven Bebo Valdés tiene mucha actividad y abandona el conservatorio, pero continúa con sus clases privadas con Bouffartique. En diciembre de 1943 se vincula a la orquesta de planta de la emisora Mil Diez del Partido Socialista Popular de Cuba, dirigida por Julio Cueva, y cuyo cantante era Manuel Licea Lamouth, Puntillita.

En 1945, el ‘Caballón’, como le decían a Bebo por su alta estatura y corpulencia, entra como pianista en la Orquesta de Julio Cueva reemplazando a René Hernández, quien había partido a Nueva York para unirse a la Orquesta de Machito y los Afrocubanos. Con la orquesta del trompetista Julio Cueva, Bebo grabó su primer gran éxito, Rareza del Siglo.

Los comienzos de la década del 50 fueron halagüeños para Bebo. Compone en 1951 un sabroso mambo (con doble sentido) titulado Guenpa, dedicado a Miguel Ángel Blanco, maestro de ceremonias del cabaret Tropicana. En junio de 1952 Bebo Valdés conformó una orquesta gigante con la que realizó varios programas dominicales por la emisora Cadena Azul, en los que lanzó su ritmo Batanga.

La orquesta constaba de cinco trompetas, cinco saxofones, cuatro trombones, una tuba, una trompa, además del bajo, piano, tumbadoras, timbal, y tambor batá. Lamentable el Batanga no tuvo éxito.

SU ROMANCE CON EL JAZZ

A mediados de septiembre de 1952 llegó a Cuba el empresario Norman Granz. Un amigo de Bebo, Irving Price, conocido popularmente como André, y propietario de una tienda de discos en La Habana, logró convencer a Granz de que los músicos cubanos eran buenos jazzistas, y para estos fines se organizó una sesión de grabación dirigida por Bebo con la participación de varios sobresalientes músicos del cabaret Tropicana: Gustavo Mas en el saxofón tenor, ‘El Negro’ Vivar en la trompeta, Kiki Hernández en el bajo, Guillermo Barreto en los timbales, y Rolando Alfonso en la conga.

Sin tiempo para ensayar, la agrupación grabó cuatro números: Desconfianza, Tabú (de Ernestina Lecuona), Duerme y Blues for André. Cuando se les pidió que grabaran algo más Bebo comenzó a tocar al piano algo que le salió del alma.

El resultado, Con poco coco, quizá la primera grabación en el mundo de una verdadera Jam Session o descarga de jazz afro-cubano. Bebo Valdés le contó a Raúl Fernández que el título de la improvisación no tenía nada que ver con la famosa composición de Bud Powell llamada Un poco loco. La historia es más sencilla y más simpática.

Por esos días se encontraban en La Habana el músico colombiano Lucho Bermúdez con su esposa y cantante Matilde Díaz. El mismo día en que tuvo lugar la grabación, doña Matilde le había preparado almuerzo a Bebo. Era la primera vez que Bebo comía arroz con coco al estilo costeño del Caribe colombiano. Acostumbrado al simple arroz blanco cubano, le pareció que tenía demasiado coco.

De suerte que esa noche, una vez grabada la improvisación, cuando le preguntaron qué título le pondría, respondió sin vacilación: “¡Con poco coco!”. En 1955 graba Descarga Caliente, y otros números para el disco Holliday in Havana, en los que como director Bebo trata de destacar el saxofón de Gustavo Mas, y con un cuarteto un éxito de 1956, el instrumental Estoy matizando, un cha-cha-chá en el que Bebo toca tal vez su mejor solo de piano de esa época, metiendo unos doble tiempos y unas octavas muy difíciles.

En 1957 produce dos descargas adicionales para las antologías, Special del Bebo; y el clásico de Arsenio Rodríguez Dile a Catalina, en compañía del ‘Negro’ Vivar, Tojo Jiménez, Cachaíto López y Tata Güines.

INDUCE A CHUCHO AL PIANO

Por una desavenencia con el coreógrafo Roderico Neyra sale en ese año de 1957 del cabaret Tropicana, y en 1958 funda la Orquesta Sabor en la que debuta profesionalmente su hijo Chucho Valdés, a la edad de 16 años.

Con la Orquesta Sabor Bebo asume el proyecto de organizar el relanzamiento de vocalistas por los que el público había mostrado poco interés con anterioridad. De esta manera logra poner en primer plano las voces de Celeste Mendoza, Pío Leiva y Omara Portuondo.

Igualmente fue el responsable de los redescubrimientos de otros cantantes como Amado Borcelá, Pacho Alonso, Fernando Álvarez y Rolando Laserie. Siendo el más notorio el caso de Laserie, que había cantado por muchos años, haciendo suplencias en las Maravillas de Arcaño cuando Miguelito Cuní por alguna razón se ausentaba, y cantando en muchas ocasiones en las primeras tandas de la Orquesta de Beny Moré, en la cual Laserie fungía como percusionista.

Convirtió en un exitazo Sabor a mí, en 1959. La Orquesta Sabor de Cuba compite favorablemente con las otras grandes de la época, la Riverside y la Banda Gigante de Beny Moré. Para las actuaciones en vivo el pianista era Bebo o a veces Chucho. Bebo Valdés salió de Cuba a México el 26 de octubre de 1960, para trabajar en el Terraza Casino de la capital azteca, dirigiendo una orquesta de show por varias semanas.

Bebo Valdés siempre reconoció a Mario Bauzá, al igual que a Dizzy Gillespie, como figuras claves en el desarrollo del jazz afrocubano. Hombre sencillo y honesto señalaba que su música instrumental nunca tuvo éxito comercial en Cuba.

Es tanto el cariño que Chucho Valdés siente por su fallecido padre, que su nuevo álbum Jazz Batán II, que será lanzado este mes, es un fiel tributo a los tambores batá que Bebo insertó en una Big Band. El disco incluye 100 años de Bebo, canción que su papá tocaba cuando era niño. “Mi padre fue un grande de la música que nunca pasará de moda, a él todos mis agradecimiento por convertirme en el pianista que soy”, expresó Chucho.

Con información de: Rafael Bassi L.

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