Frankie Ruiz y su esposa, Judith Eneida Vásquez
Frankie Ruiz y su esposa, Judith Eneida VásquezCortesía
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Dos décadas sin Frankie Ruiz, el ‘Papá de la salsa’

“Después de 20 años mi amor por Frankie sigue intacto”, Judith Eneida Vásquez, esposa del sonero, habló con AL DÍA.

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Hoy, cuando los miles de seguidores que dejó Frankie Ruiz conmemoran los 20 años de su sensible e inesperada partida, una mujer aún lo llora inconsolable: Judith Eneida Vásquez Ruiz, la famosa ‘China’, a la que el sonero nunca dejó de saludar y mencionar en sus canciones.

Oriunda de Río de Piedras (Pto. Rico), esta mujer fue la musa del artista y madre de sus dos hijos (Cristina y Frankie Jr.). Para recordar al intérprete de tantos éxitos como La Cura, La Rueda, Mirándote, Tú me vuelves loco, que aún se bailan y gozan; ‘La China’ habló con AL DÍA desde Islas Turcas, un archipiélago del Caribe cerca a las Bahamas donde por estos días disfruta vacaciones.

Comienza el diálogo advirtiendo que no es fácil desempolvar recuerdos y anécdotas; y mucho más revelarlas públicamente, sin embargo aceptó hacerlo porque quiere que los seguidores de Frankie y las nuevas generaciones lo conozcan a fondo, y descubran como se convirtió en pilar fundamental de la salsa romántica.

Judith Eneida Vásquez Ruiz, de 60 años, reside en Miami, donde trabaja como mánager de clubes y también como bartender, oficio en el que conoció a Frankie. “Vamos a recordarlo con alegría, porque pese a los dramas él siempre fue un hombre sonriente”, fueron las primeras palabras de ‘La China’ antes de responder la entrevista que le propuso AL DÍA vía telefónica.

P. ¿Cómo se conoció con Frankie Ruiz?

Lo conocí en Miami en 1981 cuando él comenzaba a trabajar con la orquesta de Tommy Olivencia, tenían muy pegado el tema ¿Y cómo lo hacen?. Yo trabajaba para el cubano Hansel Enrique Martínez, del dúo Hansel y Raúl, quien era dueño del bar Honey for the Bears, situado en Coral Gables (Florida).

Frankie me pidió que les sacara una cita con Hansel porque querían cantar en el club. Se cuadraron con el maestro Tommy Olivencia dos presentaciones, jueves y viernes; pero a petición del público hubo que habilitar dos funciones más para sábado y domingo, porque gustaron mucho. Frankie tenía mucha energía, y eso no solo contagió al público sino que también a mí me comenzó a llegar su vibra.

 

P. ¿Cómo comienza el romance?

Fue algo muy cómico, yo le presenté a él a mi mejor amiga como si fuera mi hermana; y él me había relacionado con uno de sus músicos. Frankie me dijo que le gustaba mucho ‘mi hermana’, y que quería salir con ella. Pero con el pasar de los días yo lo miré fijamente, quizás no nos habíamos detenido a analizarnos, y allí sentimos un chispazo. Fue un amor que surgió con esa mirada, luego lo vi cantando y no nos quitábamos los ojos de encima.

Al finalizar su presentación yo iba caminando hacía el baño y él estaba en la puerta del club, cuando pasé por su lado me preguntó si siempre íbamos a salir con mi hermana, y yo le dije que no, que yo no quería salir con su músico, sino con él, que era el hombre que me interesaba conocer. Él se sonrojó, y bueno así nació lo nuestro.

P. Frankie la nombra en varias canciones como ‘Mi China’, ¿por qué la llamaba así?

Así me presentaba siempre con sus conocidos y también me mencionó en muchos de sus éxitos, hay muchas personas que rumoran que yo no era la única ‘China’, pero sé que siempre cantó para mí, él me bautizó así porque mis ojos son achinados, y cada vez que me lo decía era con un amor único y sincero.

P. ¿Qué canciones le dedicó Frankie a usted?

Para darte fuego, ese fue un tema que hizo para mí y otro que se llama Me faltas. Muchas veces que estuvimos separados él me llamaba por teléfono y me los cantaba, cuando estuvo en prisión también hizo lo mismo. Siempre que estaba con él me cantaba al oído Para darte fuego, me la bailaba con un sabor único y eso me hacía muy feliz.

P. ¿Cómo era Frankie en el seno de la familia?

Tuvimos dos hermosos hijos, Cristina, ahora de 38 años; y Frankie Jr., de 33. Él era un hombre ejemplar, no importa en qué parte del mundo estuviera, pero siempre pasaba con nosotros fechas especiales como el cumpleaños de sus hijos, Navidad, Halloween, Fin de Año.

Se preocupaba mucho por su familia y nos complacía en todo. No era un hombre que con el dinero nos mantenía felices, él trataba que su presencia fuera plena y disfrutaba a nuestro lado sus mejores años. Era muy hogareño y amoroso.

P. ¿Cómo manejaba usted el tema de los celos ante las miles de seguidoras que Frankie Ruiz tenía en tantos países?

¡Ay bendito me daban muchos celos! En los primeros años lo acompañaba a sus conciertos y las muchachas le decían: ‘Manda a tu mujer pa’ la casa y quédate conmigo’. En otros países también le decían: ‘Papi duerme conmigo esta noche’, y él les respondía que estaba con su señora. Las fanáticas decían que eso no les importaba porque no se iban a acostar conmigo, sino con él (risas). En parte entendía mucho que eso hacía parte de su carrera, porque él era ídolo de muchas mujeres hermosas, pero fue muy respetuoso. Frankie Jr. ha decidido seguir con el legado de su padre.

P. ¿Qué consejos le da para que logre consolidar un éxito similar al de este’?

Frankie Jr. decidió seguir la carrera de su padre, lo intentamos muchas veces y le daba miedo entregarse de lleno a lo que era la música porque sabía que había mucha gente que inmediatamente lo iba a comparar con Frankie. Pero yo le he aconsejado que él no puede llenar los zapatos de su padre, que debe forjar su propio estilo, porque como ‘El Papá de la Salsa’ no hay nadie.

P. ¿Cómo vivió esa temporada que Frankie pasó en prisión?

Fue una temporada muy triste, tres años en los que nunca lo abandonábamos, lo seguíamos a donde quiera que lo trasladaban, estuvimos lo más cerca de él en Tallahassee (Florida). Íbamos nueve días al mes a verlo sin importar si llovía o si hacía frío, hacíamos la cola desde las 6 de la mañana y salíamos de allí a las 4 de la tarde. Dentro del centro carcelario había un parque de recreación y los niños la pasaban muy bien con su padre.

La despedida quizás era lo más duro porque los nenes lloraban mucho y él les decía que no se preocuparan porque pronto iba a salir de prisión y podrían pasar mucho más tiempo juntos. Pasábamos también Navidad y Año Nuevo a su lado, devolviéndolo un poco los sacrificios que él hizo por nosotros.

P. ¿Cómo lo ayudaba a manejar el tema de sus excesos?

Hablábamos todo el tiempo del licor y de la rumba, era algo inevitable. Siempre que estaba conmigo y los niños era un hombre impecable y nunca lo vi salido de casillas. Pero cuando se reunía con sus amigos era el problema, porque precisamente había muchos de ellos que eran nocivos para él, que como lo veían en la cima querían bajarlo de allí. Eso se lo hice ver muchas veces y los despaché de la casa, él se molestaba, pero en el fondo era consciente de que tenía la razón.

P. ¿Qué recuerda de los últimos días junto a Frankie?

Fue un mes entero que él permaneció en el University Hospital de New Jersey, allí estuvimos mirando como su luz se apagaba. Él no podía ni hablar, aun así me llegó a decir que cuidara de los niños de la misma manera como lo venía haciendo, me explicó que se enamoró de mi para siempre el día que descubrió que yo era una madre ejemplar y que tenía a los nenes bien vestidos y alimentados, pese a que él estuviera por fuera. Me pidió perdón por muchas cosas, quiso hablar conmigo mucho más, pero al final no pudo. Su muerte me dio muy duro y aún recuerdo esos momentos diariamente, a veces veo las fotos que le tomé antes de que muriera y aún lloro.

P. ¿En estos 20 años de la desaparición física de Frankie, qué ha sido lo más duro?

Todo ha sido complicado porque siento que perdí a mi mejor amigo, al amor de mi vida, siento un vacío en el corazón; lo lloro a diario, le hablo, le pido que me ayude en mi vida y la de sus hijos. Sé que si hoy estuviera a mi lado fuera muy feliz de ver casados a sus hijos y estaría consintiendo a sus nietos. Yo nunca pude rehacer mi vida, siento que después de 20 años mi amor por Frankie Ruiz sigue intacto, estuve a su lado 19 años y no me veo en otros brazos. Nunca cambié a mis hijos por otro hombre, porque cuando él muere Cristina apenas cumplía 18 años y Frankie Jr. 13, así que era cuando ellos más necesitaban de mí. ¡Siempre lo voy a adorar!

 

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