El ‘Parce’ se convirtió en embolador por casualidad, pero decidió ser el mejor
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Gabriel Jaime Zapata Restrepo, 59 años, zapatero.
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Redacción ALDIA

El ‘Parce’ se convirtió en embolador por casualidad, pero decidió ser el mejor

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Gabriel se siente tan costeño como cualquier barranquillero.

A las 4 de la mañana Gabriel Jaime Zapata Restrepo inicia el día con una rutina de ejercicios y un vaso de agua con ajo;  suficiente para salir a la calle a ganarse la vida al ritmo de lustradas.

Con 59 años recuerda como hace ya más de 42 llegó a La Arenosa. Nacido en Bolívar (Antioquia), salió muy joven a recorrer el país en busca del lugar al que en realidad pertenecía.

El paisa ahora parece sentirse más costeño que algunos barranquilleros, lo que se denota en la bacaneria de su personalidad, el estilo juvenil que lo caracteriza, y la forma jocosa que usa para expresarse.

Cuando terminó el bachillerato en su tierra natal, Gabriel se vinculó a la Policía Nacional. Estuvo seis años, pero asegura que ese no era al lugar para él. La rigurosidad de la institución no concordaba con su genio.

Después se largó de la casa paterna a recorrer las calles. Primero estuvo en Cali y Bogotá, antes de llegar a Barranquilla. Aquí lo acogió como su nuevo hogar el parque San José, calle 38 entre carreras 38 y 39A, en pleno Centro. Dormía en las bancas de la plaza y despertaba temprano a ganarse la vida como fuera.

Como de las experiencias se aprende, Gabriel decidió dedicarse a embolar zapatos; lo había aprendido en la escuela de Policía y empezó a ganar tanta clientela que le pidieron se quedara en el parque. “Al principio fue difícil porque había mucha delincuencia. Yo les decía: ‘Oye mira yo estoy trabajando aquí, aquí me gano mi comida’, y los ahuyentaba”, explicó Gabriel con señas, como según él les hablaba a quienes consumían drogas en ese sector, y con los que no quería tener problemas. Empezó con una cajita y un cepillo, hoy tiene un kiosco grande remodelado por la Alcaldía, donde arregla, pinta y lustra zapatos. Además, vende medias, cordones, plantillas, y todo tipo de accesorios para calzado. 

“Yo ofrezco de todo, el que viene a lustrar sus zapatos puede cambiar sus cordones y llevarse unos nuevos. Vendo hasta llaveros, porque cerca sacan llaves. Espero a paso de tortuga meter más cosas para que quien venga se sienta como en casa”, dice.

Pero no solo productos y servicios como esos ofrece Gabriel a sus clientes. El paisa-currambero se ha convertido en el consejero, amigo y fiel escucha de quienes buscan un consejo en cualquier momento.

Asegura que a su puesto llegan abogados o trabajadores de altos cargos, a platicar con el ‘Parce’, como algunos lo llaman, para escuchar palabras de aliento.

Al finalizar la  jornada Gabriel vuelve a su casa, “solo con su soledad”, de la que se ha hecho amigo. Es amante de los video juegos, y en eso invierte el tiempo cuando para de trabajar. “En los video juegos yo siento que salgo a otro mundo, me salgo de la rutina, de los afanes y de la violencia en la que vivimos”. En resumidas cuentas este embolador se parece mucho al que describió Diomedes Díaz en una canción:

Si te inspira ser zapatero que seas el mejor/porque de nada sirve el doctor/ si es el ejemplo malo del pueblo...

Gabriel terminó diciendo lo agradecido que esta con los barranquilleros, por el amor que ha encontrado en esta ciudad. “Si estalla una guerra y toca pelear con Barranquilla o Antioquia, yo peleo por Barranquilla, con el perdón de mis paisanos”.

 

 

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