‘Es que yo soy Leo González...’, el sonero venezolano habló con AL DÍA
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Leo González duró 30 años por fuera de los escenarios. | Al Día
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Jonathan Díaz Cárdenas

‘Es que yo soy Leo González...’, el sonero venezolano habló con AL DÍA

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Comenzó su vida musical hace 50 años en Barranquilla, y ahora lanza tema.

El venezolano Leo González hace parte de esa inmensa camada de soneros que en la década de los 60 ayudaron a cimentar en Barranquilla el gusto por la salsa; por eso es un nombre que aún se mantiene vigente en el gusto de los amantes del trepidante género musical.

Esoneros que en la década de los 60 ayudaron a cimentar en Barranquilla el gusto por la salsa; por eso es un nombre que aún se mantiene vigente en el gusto de los amantes del trepidante género musical.

Intérprete de clásicos como La Verdad, González estuvo esta semana en Barranquilla celebrando los 100 años del natalicio de su suegra, Aura Montaño, madre de su esposa, la barranquillera Betty Recio con quien lleva seis años de relación.

El artista aprovechó la ocasión para el lanzamiento de su más reciente trabajo musical, Me llevas al cielo, dedicado a su amor. “Una barranquillera es la que me tiene escribiendo y cantando en corte romántico, algo que jamás había hecho, porque lo mío es la guaracha y el guaguancó, pero bueno, así es el amor, qué le vamos a hacer”, sostiene.

Leo González recordó en esta visita que su vida musical la comenzó en Barranquilla hace 50 años. “Aquí conocí (en 1968) a Richie Ray y Bobby Cruz, quienes me dieron la oportunidad de ingresar a su prestigiosa orquesta, y de ahí en adelante pude desarrollar mi talento”, afirma. Leopoldo Alberto González León, de 75 años, nacido en Caracas, hablo con AL DÍA.

P. En Barranquilla conoció a Richie Ray y Bobby Cruz ¿cómo se produjo este encuentro, fue algo planeado?

R. Planeado por mí nada más, Richie y Bobby no sabían de mi existencia. En 1968 estaba muy pegado el jala jala en Caracas, y me enteré de que Ricardo Ray y su orquesta iban a presentarse en los Carnavales de Barranquilla. Convencí a mi amigo, el cantante Carlín Rodríguez, para pegarnos el viaje hasta acá.

Nos dijeron que se habían hospedado en el Hotel Victoria (calle 35 entre carrera 43 y 44). Allí preguntamos por Ricardo y nos informaron que estaba comiendo. En eso bajó Bobby y le caí en gracia inmediatamente. Me le presenté como Leo González, representante de Carlín Rodríguez, y nos quedamos hablando por mucho tiempo.

Este fue el viaje más productivo de mi vida, porque logré hacerme amigo de los ‘Durísimos de la salsa’. Esa también era mi primera vez en Barranquilla y quedé flechado con la alegría del pueblo, estaban en plenos Carnavales y me los gocé con Carlín, fuimos a ver a nuestros ídolos en una de sus presentaciones.

En Barranquilla hace 50 años comenzó mi travesía musical y hoy regreso alegre a presentarles lo nuevo.

P. ¿Qué vino luego para su carrera?

R. Luego Richie y Bobby viajaron a Caracas y solidificamos nuestra amistad, llevamos 50 años siendo panas. En junio de ese mismo año me mudé a New York para meterme de lleno en el circuito salsero, allá fui a verlos un lunes en el club La Calesa, donde ensayaban sus números y hacían funciones matinales. Yo me había aprendido Las Caraqueñas, un jala jala que hicieron muy famoso por Venezuela, y le dije a Bobby que quería interpretarlo y me dejaron.

Estaba algo nervioso, pero todo salió perfecto, les gustó tanto que el domingo me fueron a visitar al hospital para decirme que les faltaba un integrante y que me había ganado el derecho de trabajar con ellos. A mí me habían operado de un forúnculo (un absceso) y de la emoción fi rmé mi salida y los busqué en el Home Points Palace en el Bronx, y cuando me vieron me dijeron que estaba loco, a lo que respondí que sí estaba loco, pero de felicidad.

Ese día el timbalero se enfermó y Bobby se puso a tocar timbales, por lo que a este negro le tocó cantar, ese fue mi debut en las grandes ligas de la salsa. Con ellos solo hice coros durante dos años, aunque no aparezco en los créditos de sus producciones. Luego se marchan a Puerto Rico y yo preferí quedarme en New York, donde me dediqué a promocionar a Óscar D’ León. Éramos muy amigos, de hecho le bauticé a su hija Irosca, la popular Masucamba, a quien le dedicó un tema. A Óscar la gente lo conocía por su voz, pero su rostro no era familiar, yo lo impulsé en Estados Unidos porque ya conocía mucho el mercado.

P. ¿Cuándo ingresa a la orquesta de Johnny Sedes?

R. En 1969 mientras andaba con Richie y Bobby, les conté que había un señor llamado Juan Sedes, que quería que también les hiciera coros y ellos me dieron permiso, me iba muy bien con ambos, pero como ellos se radicaron en Puerto Rico, se me dio la oportunidad de grabar como voz principal con Johnny Sedes éxitos como La verdad y 12 Cascabeles, que gustan mucho por acá. También hice muchas presentaciones con Larry Harlow y Joey Pastrana, viajé mucho con ellos por el mundo, aunque no participé en sus grabaciones.

P. ¿Qué nos puede contar sobre éxitos como 12 cascabeles y La verdad?

R. De 12 cascabeles debo decir que pese a que Johnny Sedes tenía la idea de ese número, se lo dio a Ricardo Ray para que le metiera todos los arreglos y por eso hay mucha gente que por su ritmo cree que es de él y Bobby, pero no es así, Ricardo lo vistió de descarga y le metió ese ‘veneno’ que solo él sabe ponerle.

De La verdad, pues que te digo, nosotros los cantantes cuando tenemos problemas con otra persona nos expresamos a través de nuestra voz, y yo la tenía casada con alguien que se apellidaba González como yo, así que en uno de los soneos digo: ‘Es que yo soy Leo González y tú, González na’ má, echa pa’ allá’, eso quedó para la historia.

P. ¿Cuál fue su mayor aprendizaje al lado de estos grandes músicos?

R. Ricardo Ray es el pianista dorado de todos los tiempos, tiene una originalidad tremenda, las ideas le vienen a la mente a millón y las plasma a la misma velocidad con sus dedos en el piano, verlo tocar en cada ensayo era un deleite.

Aprendí con él que sobre la marcha también se pueden crear piezas majestuosas. Por parte de Johnny Sedes me transmitió mucho el arte de la composición, era genial en esa parte y hoy lo pongo en práctica. De ellos dos fue de los que más aprendí, y obviamente los consejos de Bobby para tener una mejor dicción.

P. Estuvo retirado durante 30 años de la música ¿A qué se debió?

R. Así es, en 1982 me retiré de los escenarios, primeramente por la popularidad del merengue, eso puso la cosa fea y ya no se trabajaba tanto. La verdad es que en vista de eso me abrí camino, yo soy arquitecto y también planeador financiero, así que me dediqué a trabajar en ese sector, donde me fue bien. Sin embargo, de vez en cuando salía a trabajar con algunas orquestas. Y hace seis años volví con el CD Entrega Total.

P. ¿Cómo se sintió al regresar a los estudios de grabación y subir a tarima?

R. Fue un bálsamo para mi vida, con mi profesión logré estabilizarme por completo a nivel económico, pero sentía que me hacía falta algo, y eso era la música. Con Entrega total me sentí pleno nuevamente, al punto que salí a hacer promoción y vine a Barranquilla, un terruño especial en el que conté con el respaldo del fallecido Juan Molina Pomárico, a quien le debo parte de mi éxito por acá.

Su muerte me dolió mucho y a toda su familia les extiendo mi voz solidaria. Juan Molina Pomárico me llamó a New York para entrevistarme a finales de los 60, y desde ahí fue incondicional conmigo, siempre lo recordaré.

P. ¿Trajo salsa nueva en este viaje?

R. Claro, hace dos meses grabé Me llevas al cielo, se lo escribí a mi mujer que es barranquillera, Betty Recio, con la que hace seis años estoy empatado. Por cuestiones comerciales digo que es para las colombianas, pero fue ella mi gran musa, esta barranquillera que quiero tanto.

Este número lo iba a producir en Estados Unidos, pero decidí grabarla en Medellín, donde hay grandes músicos y también me salía mucho más barato. El percusionista venezolano Gerardo Rosales reunió la banda que cuenta tanto con colombianos y venezolanos, y el resultado es maravilloso, espero les guste.

P. ¿Qué viene ahora en su carrera musical?

R. En agosto actuaré en Bogotá y Cali, luego vuelvo a Medellín para grabar nueve números más, y lanzaré el álbum en formato vinilo para los coleccionistas. El nombre será ‘Leo González, el trovador tropical’. En diciembre volveré porque Ley Martín me acaba de invitar para ser uno de los homenajeados en los Premios Luna, algo que me llena de mucha alegría porque esta es una tierra que siempre he llevado en el corazón, y la verdad nunca me habían hecho un tributo aquí y lo recibo con los brazos abiertos.

Espero también cantar en Carnavales donde hace 50 años comenzó mi travesía musical. A los barranquilleros los quiero con cojones como dicen los cubanos, siempre es agradable venir acá, porque me siento en casa, somos muy costeños y compaginamos muy bien, Barranquilla es una tierra que siempre he llevado en mi corazón, yo digo ‘nojoda’ y ‘eche’, en fi n, soy muy barranquillero.

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