ESPECIAL | Espacios y personajes barranquilleros que enaltencen nuestra cultura y que tal vez no conocían
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Desde ALDÍA.CO visitamos algunos escenarios y personajes que hoy se han vuelto importantes porque están trabajando para rescatar y crear una apropiación de la cultura popular barranquillera  | Internet
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Claudia Celedón Ospino

ESPECIAL | Espacios y personajes barranquilleros que enaltencen nuestra cultura y que tal vez no conocían

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Conozcan quiénes están trabajando para destacar nuestra cultura.

Este  7 de abril, Barranquilla cumplió 205 años. Sigue siendo “bella, encantadora, con mar y río, una gran sociedad”, tal y como la describió el Joe Arroyo en su canción. Actualmente tiene 1.232.462 habitantes, según el reporte del DANE. Su Carnaval fue nombrado como Patrimonio de la humanidad en 2003 y no solamente se ha convertido en la casa de la Selección, sino que también se ha vuelto el segundo hogar de muchos extranjeros que han llegado y se enamoraron de La Arenosa.

Es también conocida como La Puerta de Oro de Colombia y vio nacer grandes figuras de las que hoy nos enorgullecemos como Adriana Ocampo, Silvia Tcherassi, Shakira, Teófilo Gutiérrez, Ernesto McCausland, Paulina Vega, Esthercita Forero, entre otros.

Desde ALDÍA.CO visitamos algunos escenarios y personajes que hoy se han vuelto importantes porque están trabajando para rescatar y crear una apropiación de la cultura popular barranquillera y quizá ustedes no conocían.

Fulgor Caribe

Nuestras calles barranquilleras están llenas de mucho arte, de frases curiosas, es todo un “viaje”, tal y como lo definen Gabriela Muñoz y Greys Acosta, dos jóvenes diseñadoras que se han encargado de estudiar y de retratar toda esa tipografía que nos identifica cómo ciudad.

Ellas afirmaron que cada uno de estos carteles, tienen un trabajo fuerte detrás y que existen personajes de nuestra cultura que se encargan de hacerlo, como en el caso del señor “Pertuz”, el creador de la mayoría de carteles que se ven en el centro de la ciudad. Sin embargo, existe una preocupación porque son pocos los jóvenes que se interesan en continuar este legado.

Estas jóvenes argumentan que  su idea es continuar retratado cada imagen representativa no solo de nuestra ciudad, sino también de otros sitios colombianos porque eso permite que quien siga su trabajo reconozca y entienda el significado que hay detrás de cada imagen.

Luneta 50

En una casa en el tradicional barrio Bellavista está ubicada la sede de Luneta 50, un proyecto, que como dijo Manuel Sánchez, artista y uno de los creadores, se fue conformando sin que ellos mismos se dieran cuenta, pero que siempre habían soñado.

Todo comenzó con un  grupo de cuatro personas- profesionales en distintas áreas-  que  se dedicaban a hacer canciones y funciones para niños. Todos tenían en común la pasión por el arte.

Actualmente, este proyecto se ha convertido en un importante espacio de referente cultural en Barranquilla. “Luneta es una plataforma, un territorio, un espacio donde uno puede pronunciarse y decir lo que quiera a la ciudad. Es la posibilidad de tener una voz en la ciudad”, agregó este artista. 

Luneta también promueve “Caribe Cuenta”,  un festival internacional de cuenteros que desde hace 20 años  tiene como finalidad  fortalecer la práctica de la narración oral escénica en el Caribe colombiano, promover nuestra cultura, historias, palabras y gestos que permiten conocernos y conectarnos con otras culturas.

Para Manuel es supremamente importante que este tipo de espacios se sigan creando y manteniendo en la ciudad. “Luneta y otras iniciativas como estas son necesarias  porque son una ventana que dan un poquito de oxígeno frente a lo que estamos acostumbrados, finalizó.

 Colectivo TODOMONO

La memoria de lo popular: esta es la inspiración de Fernando Vengoechea y Johnny Insignares, dos barranquilleros que se han vuelto un referente en el diseño gracias a su proyecto Todomono.

Jhonny nos contó que todo nació hace 12 años con el interés de visibilizar aquello que estaba en nuestra memoria, desde comer raspa’o en la casa de la abuela en el barrio, hasta jugar a la bolita uñita con los amigos.“Lo que hicimos fue tomar lo cotidiano y llevarlo al diseño. Nos parecía interesante ver como las personas si portaban una camiseta que dijera New York o Francia, por ejemplo. Entonces pensamos… porque no tener algo que dijera Urba Playa o sancocho de mondongo, apuntó.

Lo que para muchas personas es paisaje, para ellos es “insumo inspiracional” para crear, comunicar y generar sentido de pertenencia por nuestra historia.  “Es precisamente esta historia bacana de Barranquilla lo que nos ha inspirado para crear. Al comunicar ciudad se está generando un apego, porque el hecho de que uno conozca algo a profundidad, lo hace querer o ver de otra manera”, precisó Insignares, quien agregó que para él y Fernando es aportar a la vida cultural de Barranquilla.

¿Lo popular se ha vuelto una moda o realmente si ha habido una apropiación de lo propio?  Jhonny aseguró que es un poco de ambas cosas: “El hecho de que vivamos en un mundo globalizado y consumamos tantas cosas de fuera, yo creo que llega un momento que uno dice no más y comienza a preocuparse por las raíces. Es moda usar un sombrero francés, pero creo que es lindo que ya la gente use una camisa floreada o unas tres puntá y no les dé miedo lucirlo”.

En pocas palabras, el mensaje de estos barranquilleros es gozarse lo propio sin miedo y no perder esas costumbres de antes  de sentarse a hablar con el vecino, saludar, quedar con los amigos a jugar porque eso es lo que nos vuelve más humano.

Paul Brito

La responsabilidad con el lenguaje y con la tradición literaria ha llevado a  Paul Brito a ser actualmente un gran referente en la escritura.

Este barranquillero de 43 años tiene cuatro libros publicados: Los intrusos (2008), El ideal de Aquiles, 101 pasos para alcanzar la tortuga (2010), La muerte del obrero (2014) y el Proletariado de los dioses (2016). 

Actualmente es el editor de la revista Actual (versión impresa), ha colaborado para distintos medios nacionales y ha sido relator de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) en el Taller de Crónica con Jon Lee Anderson “La Barranquilla de García Márquez”.

De hecho, el periodista barranquillero Alberto Salcedo Ramos escribió  que Paul es “el mejor narrador de su generación (…) en sus crónicas reafirma su talento: la manera de mirar, la gracia de la voz” y cuando en algún foro le toca hablar de figuras jóvenes, siempre lo recomienda.

Un claro ejemplo de lo que menciona Salcedo Ramos es su trabajo ‘El proletariado de los dioses’, un libro en el que a partir de crónicas cuenta parte de su cotidianidad y evidencia sus raíces, lo que permite que el lector se sienta conectado con las historias y con esta cultura Caribe.

En entrevista con ALDÍA.CO nos contó que todo lo que plasmó era un mundo que había explorado y vivido. Confesó que para él contar el Caribe es algo natural, que si eres de un lugar tiene que notarse y debe fluir porque “no hay nada más feo que tus propias raíces se vean como algo postizo”.

Podemos decir que Paul Brito está lleno de sorpresas, como su paso de la Ingeniería a la escritura. Su padre era de Canarias y su madre, de Sabanalarga. Para él, Barranquilla, la ciudad donde nació y creció, "es una mezcla que uno no encuentra tan diversa en otras partes. Es lo que me gusta de Barranquilla. Uno no es consciente de la riqueza oral que tiene esta ciudad. Aquí todo lo bautizan, hay mucha riqueza léxica, en el lenguaje y en la cultura. Lo que no tiene una base en el lenguaje, tiene una raíz inventada muy bella.

Nos contó que comenzó a escribir tarde, a los 19 años, y que en el bachillerato no leía mucho. En ese entonces me marcaron dos cuentos: Espuma y nada más, de Hernando Téllez, y A la Deriva, de Horacio Quiroga. Sin embargo, se alejó de la literatura y se fue por el lado de los números.

Estudió Ingeniería Industrial y a mitad de carrera se le dio por participar con un cuento suyo en un concurso y ganó. Volvió a salir victorioso en otro concurso que se trataba de poesía.

Su pasión por la escritura volvió, empezó a leer más y a escribir el doble de lo que leía, aunque siempre se recomiende lo contrario. Seguí escribiendo como un loco”, recordó, y agregó que en una sola sentada escribió una serie de cuentos, de los que aún se siente orgulloso. Aun así, esto no fue motivo para abandonar la ingeniería, al contrario, la terminó, pues su mamá había hecho un sacrificio enorme para pagarla.

Respecto a su profesión, dijo que no le disgustaba y que, incluso, ha sido clave para escribir porque para él en este ejercicio se deben enlazar todos los recursos. “Nada puede sobrar. Lo mismo es un cuento, un ensayo. Todo debe quedar bien estructurado para que el lector se pueda sumergir fácilmente en él. Me parece que en la escritura debe haber de todo. Un periodista debe investigar por todos los lados. En mi caso, no escribo nada que no esté trabajado”, argumentó.

Su mensaje para las nuevas generaciones es que hay que defender el lenguaje y la tradición literaria, recordando que “no hay que perder nunca el rigor, el esfuerzo y el amor por la palabra”.

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