ESPECIAL | Pedro Laza y sus Pelayeros: la impronta imborrable de la música costeña
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 En 1952 forma la Sonora Pelayera, que después se llamó Pedro Laza y sus Pelayeros, en homenaje a San Pelayo (Córdoba). | Archivo
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Redacción ALDIA

ESPECIAL | Pedro Laza y sus Pelayeros: la impronta imborrable de la música costeña

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Laza es la viva imagen del autodidacta apasionado, de gran oído, visión aguda y manos prodigiosas.

Corría 1921 y en Cartagena de Indias un joven intentaba crear con sus manos un instrumento musical: una bandurria, instrumento que lo sedujo a sumergirse en el universo de las musas. Ese era Pedro Laza, un muchacho de 17 años que había decidido retirarse de las artes gráficas y continuar su pasión musical contra todos los reparos de su padre.

Estaba consciente de que construía su soñado instrumento, y pulía así, con esmero, el inicio de una de las sonoridades más representativas de la música popular del Caribe.

Sin saberlo, el joven Laza abría la que sería la página central en la historia de la música tropical de Colombia.

La música del Maestro Pedro Laza y sus fabulosos Pelayeros, constituye un referente social y cultural de la región Caribe. Símbolo y patrimonio musical, sinónimo de arraigo y de las complejas y profundas dinámicas del mestizaje de la herencia musical triétnica.

Pedro Laza nació en La Heroica el 12 de diciembre de 1904. A los 17 años se enamora de las cuerdas al ver tocar a Abraham De la Valle, un vecino que ejecutaba la bandurria en un trío, a cuyos ensayos empezó a ir  a escondidas de su padre.

El viejo prefería los 3 pesos que el muchacho ganaba en la  tipografía, a lo que podía generar como músico.

A pocas semanas de haber empezado a estudiar el instrumento dio muestras de gran versatilidad, aprendiendo de oído valses, boleros y pasillos que interpretaba De la Valle. Había terminado sus estudios en su ciudad natal, y durante cinco años se empleó como prensista en el Diario de la Costa.

Rechazó un ascenso en sus labores en el periódico y se dedicó de lleno a la música. Conformó su propio trío: Los Trovadores de Barú, con los que empezó a tocar serenatas y presentarse en emisoras. Entre 1932 y 1936 funda la Estudiantina de Bolívar, y la orquesta Nueva Granada.

Después, en 1945, la Sonora Pelayera, que pasa a llamarse Pedro Laza y sus Pelayeros por iniciativa de Toño Fuentes, propietario de Discos Fuentes.

La pasión de Pedro Laza por el cordófono que él mismo elaboró solo se compara con el amor que experimentó luego por el bajo, instrumento al que se entregó al entender su importancia en la estructura melódica.

Autodidacta de la música

Laza es la viva imagen del autodidacta apasionado, de gran oído, visión aguda y manos prodigiosas. Aprendió a tocar bajo viendo tocar a Francisco Lorduy, quien al notar su gran capacidad le obsequió un viejo contrabajo que el genio reparó como si fuera un curtido Luthier. Su debut como bajista fue con la orquesta de Juan Pérez y de José M. Crison, quien finalmente le enseña la teoría musical.

Pelayeros es una voz que hace referencia a los músicos de banda de viento de los pueblos del Caribe, toma su nombre de San Pelayo (Córdoba), donde se cree nació el formato. Originalmente la música de viento o sabanera es música de gaita tocada con instrumentos de vientos europeos, comunes en marchas o procesiones y festejos.

Con estos también se interpretaban polkas, valses y mazurcas, hasta que con su clarinete el mompoxino Agustín de Guerra y Mier, empezó a tocar música de gaita indígena.

Desde finales del siglo XIX sus hermanos y descendientes la harían una modalidad en toda la región, y empezó a ser popular con la banda La Arribana en el Carmen de Bolívar.

En realidad Pedro Laza asimiló el cambio de ritmo que Lucho Bermúdez aplicó al Porro, y que hicieron el género más elegante y bailable. Aunque Laza prefirió un sonido con sabor a pueblo, más autóctono.

Un estilo único que conserva el sabor orgánico y terrígena de la gaita, hasta convertirlo en protagonista de la época dorada de las orquestas tropicales de Colombia, e ícono cartagenero de la polirritmia Caribe.

La música de viento que en sus inicios estaba excluida de los salones y clubes, se asociaba más bien a música de plazas o de corralejas. Solo a principios del siglo XX el panorama cambió para este sonido con las fórmulas de Pacho Galán, Lucho Bermúdez y Edmundo Arias, que hicieron brillar la música colombiana en el mundo.

Respaldado por los grandes

Si bien muchos músicos influenciados por el lenguaje y las técnicas del jazz experimentaron con los ritmos del Caribe llevándolos al mundo; Toño Fuentes -un viejo amigo de clases de Laza- deseaba grabar versiones orquestadas de los aires típicos, pero conservando el sabor original, pues consideraba que muchas de las producciones se alejaban del sabor autóctono. Discos Fuentes en su misión de difundir la música colombiana logró posicionar artistas como Guillermo Buitrago, La Billo’s, y sobre todo vallenatos con guitarra y cumbias con acordeón.

Pedro Laza tuvo en sus manos la misión histórica de organizar un repertorio y una banda que incluiría a los más avezados de la región.

Los legendarios pelayeros fueron Rufo Garrido, José De Ávila y Gilberto Rogers en los sax; Edulfo Polo y Manuel García, en las trompetas; José Franco y Victoriano Márquez, en la percusión; Lalo Orozco, piano; y Crescencio Camacho, voz y maracas.

Muchas de las canciones eran temas del folclor que reescribían sus integrantes, una verdadera pléyade de grandes de la música caribeña que no solo eran virtuosos, genios de la improvisación, sino que además eran grandes arreglistas.  Laza más que un compositor fue un gran director que rescató del olvido un amplio repertorio que hoy son genuinas piezas de museo de la música costeña.

Pedro Laza le insistía a sus músicos tocar con lo más sabroso del alma, lo que les ganó un sitial de honor entre los mejores intérpretes de la música colombiana. Entre los primeros éxitos que catapultaron la agrupación están: El Aguacate, Cari Seco y El Cebú; luego El Corralejo, Pelayo, Chivo Mono, El Mochilero, Viva la vida y Pie Peluo, uno de los más icónico entre la larga discografía que grabó para el catalogo Fuentes.

Otros músicos que hicieron parte de esta magistral sinergia fueron Aniceto Franco, Cristian García, Clímaco Sarmiento, Carlos y Néstor Morales, Manuel Villanueva, Simón Mendoza, Poli Martínez, Orlando Fortich, Eliseo Herrera, Eustaquio Leal y Henry Castro, entre otros.

Aprovechando una visita de Daniel Santos a Medellín con la Sonora Matancera, Fuentes invitó al Inquieto Anacobero a una grabación.

El Jefe escoge a la popular banda que ya era famosa en toda Colombia. Grabaron grandes éxitos como Candela, Como E, el Arrimaito, entre otros de los cuales el más popular fue El Güiro, toda una joya verbenera.

De acuerdo con el investigador Sidney Reyes, todos los picós de la Costa han tenido repertorio del cartagenero. “Es la música que reina en las fiestas novembrinas de La Heroica; en Barranquilla tradicionalmente se escuchaba todo el año en bailes populares”.

Para Osman Torregroza, Laza es la huella de la radio costeña, muy programada por décadas en Emisora Atlántico, Radio Variedades, Radio Reloj, Emisoras Unidas, haciéndose un nombre imprescindible en Carnaval.

Picós recordados por su música fueron El Conde, El Guajiro, Rumbabana y El Coreano. Himno de la vieja Barranquilla.

Por *Jhonatan Cantillo

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