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“Era boxeador y vendía frutas, pero no quería eso para mí”: Luis Narváez

El barranquillero, de 35 años, fue el invitado especial en la sala de redacción de AL DÍA. Habló de su pasado y su gran presente.

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La timidez que muestra Luis Narváez en el día a día es totalmente opuesta a la agresividad y el don de mando que impone en la cancha. Afuera es poco elocuente y trata de pasar desapercibido, pero con la rojiblanca puesta es un ‘guerrero’, que no se cansa de hablar, de mandar, de liderar, de ordenar.

Pero esa timidez poco a poco la fue dejando a un lado para soltarse y hablar de todo un poco en la sala de redacción de Al Día, al cual aceptó la invitación para tocar temas del pasado y del presente.

P. ¿Qué significa para usted hacer parte de la historia del Junior?

R.

Feliz de que todo haya salido bien después de tanta turbulencia, de muchos altibajos. Afortunadamente las cosas de unos años para acá han salido de maravilla. Dichoso de estar de un equipo tan grande como Junior, y orgulloso de hacer parte de la historia, mucho más para mí que soy barranquillero.

P. ¿Se imaginó a su llegada, por allá en 2011, que lograría todo lo que ha alcanzado hasta el día de hoy en Junior?

R.

Mira, a mí me trae Pinto y apenas llego, me lesiono. Los primeros meses fueron difíciles para mí y tú sabes cómo es el barranquillero, empezaron a decir de una: ‘este vino fue a robar’. Recuerdo que Pinto dijo: ‘aquí les voy a traer a uno que va a salir campeón’. Y cuando me recupero, a los dos o tres meses, soy campeón. De ahí para allá vinieron cosas horribles, porque perdimos muchas finales, el equipo no andaba bien. Por eso digo que yo estuve en las buenas y en las malas, y cuando estaba en las malas siempre decía que yo no me quería ir de Junior sin darle la octava. Afortunadamente llegó el profe Julio (Comesaña), decidió que me quedara y las cosas salieron bien. Llegó la octava y ahí pegada la novena.

P. Se ganaron la novena y están convencidos, por lo menos por lo que se le escucha a los jugadores, que ahora van por la décima. La idea es no relajarse…

R.

Sí, nada es fácil, hay que entrenarse mejor ahora porque lo que viene es duro, todos te van a querer tumbar y hay que pelear contra todo. Nosotros sabemos que tenemos que estar bien física, mental y futbolísticamente para, primero, entrar a los ocho, que es lo que queremos, y a partir de ahí ya sabemos que somos un equipo jodido en las finales.

P. Usted ha tenido acá momentos buenos y momentos malos y siempre se ha mantenido en pie de lucha, que no es fácil en una plaza tan complicada como esta. ¿Cuál ha sido la clave para mantenerse?

R.

Yo digo que todo está en la cabeza, porque cuando tú le paras bola a la gente que te critica de forma malintencionada, te debilitas. Lo más importante cuando uno está en la cancha es pensar en uno y en ayudar al equipo. Siempre he sido de esos jugadores que no se da por vencido y eso ha sido lo que me ha mantenido tantos años en este equipo.

P. ¿Se considera un líder, que habla y manda, o es más bien un jugador callado, tranquilo?

R.

Yo soy de los que en la cancha grito, hablo y paro. Afuera no hablo tanto, adentro soy fastidioso, los miro feo y con la mirada ya les estoy diciendo algo. Ellos dicen: ‘Narváez si jode’. Siempre los llamo y les digo: ‘vengan’, ‘ciérrense’, pero a veces es difícil, porque el equipo está acostumbrado a atacar. Trato siempre de mantener un orden, un equilibrio y pues ya con el paso de los años y con el conocimiento que he adquirido de cada uno de mis compañeros, el trabajo se hace más fácil.

P. En sus inicios uno lo recuerda más como un volante con características ofensivas. ¿En qué momento se transformó en ese jugador que está más para la marca, para el trabajo?

R.

Retat me pone de volante por derecha, conservaba las cualidades, pero ya me preocupaba más por el orden, por el equilibrio. Ya Retat quería otra cosa de mí, porque con Pachequito y Valenciano adelante no tenía nada que hacer allá (risas). Y pues ahí, poco a poco, me fui acomodando a la posición y hasta terminar en la cabeza de área, como un seis. He tenido tres técnicos que me han enseñado mucho, Retat, Pinto y Comesaña. A todos tres les debo mucho. Con Pinto aprendí demasiado y el profe Julio desde que llegó me brindo su confianza. Él me ha enseñado la mayoría de cosas que sé y cada día le aprendo más.

P. ¿Tiene o tuvo algún referente en la posición en el fútbol internacional?

R.

Por ahí, cuando estaba, me gustaba el francés Makelele, era el alma del Real Madrid en ese tiempo. Un jugador muy completo en la posición. Lo miraba mucho.

P. Su espíritu de lucha y ese carácter está forjado por las lecciones que le dio la vida. ¿Cómo fue su niñez?

R.

Fue dura. Mi vieja se muere a los seis años y ahí las cosas económicamente en la casa no eran muy buenas. Siempre me gustó el fútbol, pero mi papá quería que fuera boxeador, a mí no me gustaba mucho. Trabajé con mi papá vendiendo frutas en un carro de mula, podía tener como 7 o 9 años. Pero luego vi que yo no quería eso y no me monté más ahí.

P. ¿Alcanzó a practicar boxeo?

R.

Sí, con el papá del ‘Baby Rojas’, ahí en el barrio El Bosque, de donde soy. Entrenaba en las tardes. Alcancé a pelear dos veces. A uno lo noquee y al otro le gané, como quien dice, me retiré invicto (risas). Pero no, no me gustaba. Lo que pasa es que en la familia por parte de mamá todos eran boxeadores. Incluso tuve un primo que fue campeón mundial, Robinson Pitalua, y por ahí nace la cosa.

P. ¿Y cuándo se desvió para el fútbol?

R.

Hicieron un torneo en el barrio y el profesor Olmo me invita a la escuela de fútbol de la Victoria, de ahí pasé a la Selección Atlántico con Carlos Padilla y luego al América, que me lleva Héctor Fabio Báez, pero no me quisieron vender. Desde ahí empecé a luchar por mi sueño, que era jugar al fútbol.

P. ¿De quién es más hincha, del Junior o del Unión?

R.

Del Junior. El Unión fue el equipo que me puso a debutar en un momento en el que yo estaba mal, fue el equipo que me dio la comida durante seis años, así que uno no puede ser desagradecido tampoco, por eso le tengo un sentimiento especial. Estoy muy agradecido con su dueño, porque siempre ha estado pendiente de mí, por ahí me llama a veces, siempre me ha querido en su equipo, pero todavía no (risas).

P. ¿Y qué significa el Junior en su vida?

R.

Junior es lo más grande que hay. Uno llega a Ciénaga o en cualquier parte de la Costa Caribe, incluido Santa Marta, y ves una camisa del Junior. Ver la alegría de la gente cuando Junior gana es algo inexplicable.

ACTUALIDAD

P. ¿Qué significó para usted ser el goleador del Junior el semestre anterior?

R.

Por ahí me molestan, pero los goleadores son otros. Yo siempre trato de ayudar. Afortunadamente se dieron las cosas el semestre pasado. En este primer partido entré un ratico y tuve una que casi la meto. He tenido técnicos que siempre me han dicho que el volante de marca debe tener, por lo menos, cuatro o cinco goles, que eso ayuda al equipo. Así que me trazo siempre ese objetivo.

P. ¿Cómo se manejó el tema de los penales? ¿Cuándo se decide que usted debe ser el pateador oficial?

R.

Cuando jugamos la final de 2014 con Nacional, que se definió por penales, Pacheco estaba abajo con Pinillo y no me tenían en la lista de cobradores y el profe Comesaña, que estaba arriba —no podía dirigir porque ya había sido el DT de Patriotas ese año—, dijo: ‘pongan a Narváez, que ese loco no le tiene miedo a nada’. Me colocaron, patee y anoté. Desde ahí ya fue confiando en mí. El año pasado en la Sudamericana yo quería patear el penal, tanto el que se dio en la ida como en la vuelta, pero ajá, ya el profe allá había dicho que si había un penal lo cobraba Jarlan. Él agarró el balón, cobró y desafortunadamente lo erró. De ahí para acá, desde que el profe llegó, dijo que el que patea los penales soy yo, y me dio la confianza. A mí me gusta eso, me gustan los retos y pues ahí estoy, mientras yo esté en cancha, cobro yo.

P. ¿De dónde nace esa celebración del bailecito?

R.

Todo fue porque nosotros ya habíamos jugados dos finales con Nacional y siempre perdíamos en los últimos minutos o en penales. Y pues nos volvimos a enfrentar con ellos en unas semifinales, se definió por penales y la celebración salió de repente, me nació en ese momento hacerla. De ahí para adelante vi que a la gente le gustó en Barranquilla y la seguí haciendo. La verdad, fue algo espontáneo.

P. ¿Desde el banco, cómo vio el debut del equipo en la Liga Águila II frente al Tolima?

R.

En el primer tiempo el Tolima fue mejor, fue un equipo más agresivo, también porque llevaban más días entrenando, llegaron más completos. En el segundo tiempo salió el Junior que le gusta a la gente y encerró al Tolima. Al final se logra un merecido triunfo. No hay nada mejor que empezar ganando, así que pienso que vamos por buen camino. Estoy seguro que a medida que vayan transcurriendo los partidos el equipo se va a sentir mejor.

P. ¿Siente que al equipo le falta reforzar alguna línea?

R.

Al equipo lo veo bien, el profe trajo lo que a él le parece que le faltaba al equipo. Ojalá las cosas nos salgan bien. Los que llegaron seguramente van a entrar rápido al grupo. Este es un equipo en donde nadie le hace el feo al otro, eso sí, a todos les dejamos claro enseguida a dónde llegaron, que nos den una mano, que tienen que demostrar por qué los trajeron y se tienen que matar por esta camiseta.

P. La hipotética llegada de Guillermo Celis le incrementa la competencia. ¿Cómo ve esto?

R.

Está bien, el profe decide, es el que manda, y el que venga seguramente va a ayudar. Yo estoy tranquilo y dispuesto a dar la pelea, de forma sana. Aquí han venido varios volantes y yo siempre he jugado.

P. ¿Ve muy complicada la lucha por el tricampeonato?

R.

Va a ser duro. Nosotros le tenemos respeto a todos los rivales, pero no le tenemos miedo a nadie. A nosotros nos gustan los partidos grandes. Vamos por la décima y esas ganas no nos las va a quitar nadie.

ANÉCDOTAS

P. ¿Cuéntenos cómo fue la pelea que tuvo en el vestuario con Luis Quiñones?

R.

(Risas) Yo me llevaba bien con Quiñones, era un excelente jugador, hablábamos mucho, sino que ese día le faltó el respeto a Pacheco, no me gustó, le dije que respetara y ahí pasó lo que pasó en el camerino.

P. ¿Y con Leonardo López?

R.

Esa fue otra. Nosotros veníamos de ser campeón y ‘Cheché’ (Hernández) llegó un día y nos dice: ‘Mira al que les traje’. ‘Jossymar, ¿qué te parece?’ Y como Jossymar es todo tímido se quedó callado. Y me pregunta a mí y le digo: ‘pues normal, las cosas hay que demostrarlas en la cancha. Y bueno, ese día hicimos práctica de fútbol, yo fui a marcarlo, me soltó el brazo, me partió el labio, y ahí se formó la cosa (risas). Pero después bien, porque eso es normal en el fútbol. Después hablamos y listo, eso quedó como anécdota.

P. ¿Otra de la cual nos enteramos fue con Teo en el semestre de la octava estrella. ¿Qué pasó con él?

R.

No, no, con Teo no pasó nada (risas).

P. ¿Cómo va a ser la bienvenida que le van a dar a Jarlan Barrera cuando venga con Nacional?

R.

Lo vamos a sobar un poquito (risas)…

P. ¿Qué tanto sueña con la Copa Libertadores?

R.

Nosotros queremos ganar esta liga, pero también nuestra ilusión es ganar un torneo internacional para hacer más grande esta institución. Desde ahora vamos a prepararnos para la Libertadores del próximo año. Ya no es como antes, que uno veía a los rivales y ya Junior perdía 3-0, ahora jugamos de tú a tú con todos, sin importar si son brasileños o argentinos. Es un sueño que tenemos, queremos ganar un torneo internacional.

P. ¿Ha pensado en el retiro?

R.

Todavía me siento bien, con fuerza, con ganas. Me levanto y quiero ir a entrenar. Cuando no sienta esas ganas, ahí sí daré un paso al costado, pero todavía no, quiero seguir disfrutando del fútbol.