ESPECIAL | Teléfonos públicos: la llamada de una era que ya está colgada en Sincelejo
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El óxido se apoderó de los poquitos teléfonos que subsisten, dañados, en la ciudad. En el Hospital Universitario de Sincelejo hay tres.
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Redacción ALDIA

ESPECIAL | Teléfonos públicos: la llamada de una era que ya está colgada en Sincelejo

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En la capital sucreña ya no hay cabinas telefónicas en las esquinas como hace 50 años.

El contestador automático del 4682532 le decía a veces a Marcial Acosta Solar que la persona que llamaba no se encontraba disponible en ese momento. Le tocaba irse y al rato, o al día siguiente, volver a hacer la fila para regresar la llamada.

Es que era en un teléfono público. Tenía que meterle una moneda de 200 pesos o en ocasiones de $500 y discar el número. Si contaba con suerte le contestaban, de lo contrario perdía la plata.

Estamos hablando de la década de los 90 y principios de los 2000 cuando en la mayoría de las esquinas de la capital sucreña estaban ubicados los teléfonos públicos que funcionaban a base de monedas. También los había en los denominados SAI en los que había varias cabinas y la gente tenía la facilidad de comunicarse, incluso, a la larga distancia dentro del país y también internacionalmente.

El Sincelejo de antaño, al que pertenece Marcial, de 82 años, habla de que estos aparatos acercaban las distancias. Con ellos se escribían relaciones familiares, amorosas y hasta se apartaban citas médicas. Los que tuvieron la oportunidad de usarlos dicen que eran económicos y fáciles de usar.

“Se utilizaban mejor que los de ahora porque usted cogía un teléfono público y duraba más de 10 minutos y lo que pagaba eran 500 pesos máximo. Ahora no, aunque abundan los celulares, las llamadas son más caras”, expresó Acosta.

Él los observaba en los parqueaderos de taxis, cerca de los parques y las plazas. También en la esquina del extinto Telecom, en la calle El Cauca, donde habían unas cinco cabinas telefónicas. Hacía uso de ellos cada ocho días: a veces le tocaba hacer filas, en otras no.

“Mientras uno esperaba hacer uso del teléfono se ponía a hablar con los que también estaban esperando lo mismo. Charlábamos y luego ingresábamos a la cabina. La idea era no demorarse tanto porque había gente esperando y eso a veces incomodaba porque uno no podía hablar tranquilo”, dijo el adulto mayor.

Así como llamaba también recibía llamadas. Se ponía de acuerdo con varios familiares y cuadraban la hora en que ellos lo iban a llamar. Por eso iba a algún SAI cercano y quedaba atento a que sonara alguno de los aparatos. La operadora mencionaba el nombre y le pasaba la llamada. La cataloga como una época bonita en la que, mal contado, hubo unos 20 teléfonos públicos instalados en ciertos puntos de la capital sucreña.

En las mismas andanzas se encontraba Luis Ortega Jiménez, de 85 años, quien era asiduo usuario de los teléfonos públicos, los mismos que desaparecieron por el auge de la telefonía móvil, pero también por el vandalismo contra ellos.

“Yo tenía una alcancía y cada quince días sacaba las monedas para hacer mis llamadas. Me comunicaba con familiares, amigos y también hacía diligencias por medio de llamadas. Apartaba citas, llamaba a bancos y otras entidades. Las llamadas eran económicas”, recordó Luis mientras sostenía un celular con una carcasa color verde biche.

“Yo llamaba a las noviecitas. En ocasiones demorábamos hablando, en otras no. Todo dependía de la parte económica y del tiempo que uno tuviera”, comentó.

Hoy en día hace uso de “estos aparaticos”, como él llama a los celulares. Le parecen más cómodos los equipos de comunicación de la actualidad, pero no olvida que hace parte de la generación que hacía filas para hacer una llamada.

En Sincelejo, principalmente, los teléfonos públicos eran operados por las empresas Telecom, Compartel y Edatel, entre otras. Algunos usuarios se hacían acreedores de tarjetas telefónicas que recargaban regularmente y podían hacer varias llamadas.

En la calle La Pajuela aún subsiste una cabina telefónica, pero dañada. A esta ya le arrancaron el teléfono, la muestra de que estos objetos eran víctimas de robos por lo que las empresas operadoras invertían gran cantidad de dinero en sus reparaciones que a veces no valían la pena económicamente hablando.

En la entrada a la urgencias del Hospital Universitario de Sincelejo (HUS) hay tres teléfonos públicos, pero obviamente inservibles. El óxido y las telarañas se han apoderado de ellos.

Cuántas palabras, lágrimas, sonrisas y secretos se escucharon a través de ellos solo el tiempo lo sabe. Lo que sí es cierto es que una vez tuvieron la última llamada y no los volvieron a levantar. Ese es el sonido de una época que ya está colgada.

Con información de:  Ernesto Benavides Sierra

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