Historias

‘Estrellita santandereana’, la mujer que le canta a los muertos en el Cementerio Universal

En fechas especiales como el Día de la Madre, el Día del Padre, Día de los Difuntos y Navidad, la “estrellita santandereana” oriunda de Ocaña, dedica lo mejor de su repertorio para complacer a los dolientes.

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Son las 10:30 de la mañana de este lunes y por los pasillos del Cementerio Universal se oyen las notas de una guitarra.

Frente a una tumba, Martha García entona una de las canciones que su cliente le ha pedido: “Nadie es eterno en el mundo”.

Conozca la historia de Martha García:

El silencio se apodera por un breve instante del camposanto y Martha cuyo nombre artístico es la “estrellita santandereana”, irrumpe nuevamente con su voz para cantar otra canción que Carlos Campo, un doliente, le dedica a sus difuntos: su padre y su hermano.

Desde hace 17 años, García religiosamente dedica su vida a cantar serenatas en el cementerio.

“Todo empezó un día cuando un conocido, quien me contrataba para entonar serenatas a su mamá, me llamó para que fuera al Cementerio Universal a cantarle a la señora quien ya había fallecido. Al terminar, vi que tenía gente a mí alrededor esperando turno para que les cantara y me di cuenta que lo que yo hacía era rentable y a la gente le gustaba”,narró esta mujer.

En fechas especiales como el Día de la Madre, el Día del Padre, Día de los Difuntos y Navidad, la “estrellita santandereana” oriunda de Ocaña, dedica lo mejor de su repertorio para complacer a los dolientes y a quienes ya partieron de este mundo.

Por cada repertorio, compuesto por tres canciones elegidas por el cliente, Martha García cobra 10 mil pesos.Si se trata de fechas especiales, la tarifa por 6 canciones es de 35 mil pesos.

Sus dotes de artista, asegura que los heredó de sus padres. “Desde niña me gustó cantar y una vez que estaba sin trabajo y salí en Carnavales e iba de tienda en tienda donde veía el grupo y cantaba. A la gente le gustó y eso me motivó a salir”.

Después de esa experiencia se dedicó a cantar en los buses y en los pueblos hasta que llegó al cementerio. “De esta manera me gano mi sustento y ya hay gente que me conoce y me contrata para dar serenatas en las casas. A mí me gusta lo que hago y no concibo mi vida sin la música”, sostuvo.

Con información de Jesika Millano P.