¿Qué Pasa?

Ante asedio de la delincuencia, piden más pie de fuerza para La Paz, Cesar

El alcalde, Martín Zuleta, señaló que cada vez son más frecuentes los hurtos y atracos en este municipio.

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El municipio de La Paz, al norte del Cesar, enfrenta un nuevo flagelo: la delincuencia común mantiene en zozobra a sus habitantes, a tal punto, que a decir de su alcalde Martín Zuleta, no hay un día en que no se cometa un robo en esa localidad.

El mandatario hizo un llamado al Gobierno nacional, y a las instituciones competentes, para que se haga un aumento del pie de fuerza en esta población, que por su ubicación geográfica se convierte en un corredor estratégico entre el norte del Cesar y sur de La Guajira.

“Necesitamos más seguridad, en

La Paz, todos los días se están presentando hurtos y atracos”, indicó el mandatario.

Este municipio, caracterizado por su gente trabajadora y pujante, por ser la tierra de las almojábanas y una gran despensa agrícola por sus cultivos en la serranía del Perijá, enfrenta un nuevo capítulo en la historia de inseguridad en el departamento del Cesar.

Primero, entre los años 70, 80 y comienzos de los 90 estuvo asediado por la guerrilla, luego fue golpeado por los paramilitares en medio del conflicto que se libró en las montañas, y también llegó a convertirse en un emporio del contrabando de gasolina procedente de Venezuela.

A todos estos problemas logró sobreponerse, con la desmovilización de las Farc, que predominó en el territorio, y de los hombres del Bloque Norte de las AUC, retornó la calma en el pueblo pacífico; con el cierre de la frontera y la crisis venezolana, y el contrabando de hidrocarburos quedó en su mínima expresión; pero, ahora la situación se agudiza con la presencia y accionar de delincuentes comunes.

“Pedimos más acompañamiento de la Policía en nuestro perímetro urbano, y del Ejército, en las zonas rurales, para garantizar la seguridad de nuestra gente”, puntualizó el alcalde Zuleta.

Y es que el flagelo de la delincuencia común ha venido en aumento en este municipio en los últimos años. En 2018, sus habitantes, cansados de los atracaos salieron a las calles a protestar y exigir a las autoridades mayores controles.

“Antes uno se sentía seguro al menos en las casa, pero ahora hay que vivir metido entre rejas, con las puertas cerradas y rogando que no se metan por algún techo”, precisó uno de los lugareños.

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