Desaparición de Anthony sería por no pagar 600 mil dólares
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Roger Hernando Hernández Martínez (izq), capturado por la desaparición de Anthony Rivero, comerciante de autos.
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Luis Miguel Arango

Desaparición de Anthony sería por no pagar 600 mil dólares

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Fiscalía imputó cargos contra Roger Hernando Hernández Martínez, vinculado al caso del comerciante de autos.

El caso de la desaparición de Anthony Rivero Cantillo (30 años), comerciante de carros del que no se sabe nada desde el pasado 17 de junio, empieza a mostrar nuevas aristas luego de la detención de Roger Hernando Hernández Martínez (40 años), aprehendido tras un operativo realizado en el barrio Nuevo Horizonte por uniformados del Grupo Gaula del Ejército y la Fiscalía.

En la tarde de ayer este individuo fue presentado en la sala 7 del Centro de Servicios Judiciales en audiencia ante la juez Sexta Penal Municipal, Carmen Blanco, y en medio de la imputación la Fiscalía reveló los motivos por los que habría desaparecido Rivero Cantillo.

En la diligencia, el fiscal Guido Rivero Mouthon manifestó que Hernández Martínez en asocio con otras personas, entre esos un sujeto de nacionalidad dominicana, le entregó 600 mil dólares a Anthony Rivero Cantillo y a un tío paterno de este. 

“El dinero se entregó a finales de febrero, principios de marzo. La finalidad del préstamo era la compra de una mercancía y otros negocios”, sostuvo Guido Rivero. 

De acuerdo con lo revelado por el ente acusador, llegó el momento de cobrar el monto prestado, pero esto no fue posible porque Hernández Martínez no daba con el paradero de sus ‘clientes’.

“Roger Hernando se acordó que Rivero y su tío tenían un amigo, José Miguel Meza, a quien ubicaron para que los ayudara a dar con el paradero de sus deudores”, continuó la Fiscalía.

Los acercamientos de Hernández, según explicó el fiscal, no fueron nada amistosos. Cada vez que abordaron a José Miguel lo hicieron portando armas de fuego y cuchillos, amedrentándolo para que les colaborara a pesar de que ellos sabían que nada tenía que ver con la deuda.

“En una ocasión Roger, su socio, y ocho individuos más lo golpearon y llevaron a un edificio, donde lo retuvieron largo tiempo”, aseguró Guido Rivero.

“Roger le dio un ultimátum a José Miguel Meza el 17 de junio, inclusive le dejaron un celular para que se comunicaran directamente. Lo amenazaron, que si no ayudaba a localizar a Anthony y su tío, les mataban a la familia, papá, mamá y hasta una abuela que vivía con él”, citó el fiscal. 

El ente acusador agregó que ese día, bajo amenazas, José Miguel le dijo a Anthony que pasara por el apartamento suyo a recoger el carro. El comerciante hizo lo propio a eso de las 10 p.m., lo vieron subir al auto con dos personas y luego no se supo más de él.

“Por estos hechos se le imputa a Roger Hernández, en calidad de coautor, los delitos de desaparición forzosa, secuestro extorsivo, tortura y amenazas”, finalizó el fiscal.  

Roger Hernando Hernández Martínez no se allanó los cargos imputados. La diligencia de medida de aseguramiento quedó aplazada para hoy a las 2 de la tarde.

Pero ¿dónde está Anthony? El panorama es poco alentador, pues una fuente cercana a la investigación le reveló a este medio que los rastros de sangre encontrados en el vehículo de Anthony pertenecen al joven, por lo que se teme lo peor.

La agonía de no dormir

“Mi hijo siempre ha sido un buen muchacho. De niño se portaba muy bien, nada fuera de lo normal, mamar gallo como niño, pero hasta ahí. Quizá eso es lo que nos tiene afectados, porque es muy noble, yo sufro su desaparición, pero su madre está desconsolada”, expresó Himmel Rivero Araújo, de 55 años, padre de Anthony.

Rivero Araújo descarta que su hijo estuviera relacionado con algún tipo de actividad ilegal. “Mi hijo no sería capaz de meterse en negocios turbios, por lo menos el Anthony que crié no haría eso”.

Otro de los comentarios que en ocasiones le llegan al técnico en sistemas de la Gobernación del Atlántico, es que su hijo podría haber muerto. “Sí, eso se me pasa por la cabeza, pero son pensamientos que reprendo”.

“Es un infierno”, así resume lo que padece esta familia, que ya ni dormir puede. “Esto es una pesadilla, una agonía grande, miro la cama de mi hijo y se me parte el alma, esto es doloroso, contarlo y decirlo son dos cosas diferentes, uno no duerme, no come, pensando dónde estará, ¿le dan de comer?,¿no le dan de comer?, es un trago muy amargo, le digo a Dios que si es una prueba, es una prueba muy difícil”.

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