La leyenda del perro negro del antiguo canódromo
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En 1968 el Canódromo tuvo programa de beneficiencia | Imagen de referencia
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Álvaro Palacio

La leyenda del perro negro del antiguo canódromo

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Hace 52 años existió en Barranquilla un lugar para carreras caninas.

Hay muchos hechos en Barranquilla que desconocen las nuevas generaciones, y cuando les hacen referencia sobre estos consideran que parecen sacados de un libro fantasioso. Esto ocurre cuando se habla del Canódromo que tuvo a mediados de los 60 la capital atlanticense. Se trata de un lugar de carreras de perros a las que asistían aristócratas y apostadores. Allí nacieron historias oscuras que están estrechamente relacionadas con los relatos de espantos que años después serían recordados como los ‘perros negros diabólicos’ que reaparecieron por los diferentes rincones de La Arenosa.

En 1966 se inicia en Barranquilla la construcción del canódromo, el primer y único estadio para el deporte canino o carrera de perros en la ciudad. La obra novedosa e innovadora se levantó en terrenos situados en la carrera 51B con calle 92, donde llegaban especies nacionales y del exterior con cuellos alargados y muy atléticos. Las entradas costaban entre 5 a 10 pesos, y los espectadores y apostadores escogían entre gradas popular o preferencial que incluía un bar donde tomaban y veían correr a los animales por el estadio persiguiendo una liebre eléctrica por las baranda de la pista. Aquí surge nace una historia de amor espeluznante y misteriosa denominada el perro negro.

Registro del Diario del Caribe sobre el Canódromo. 

El pacto en el canódromo

La historia de la aparición terrorífica de un perro negro con ojos rojos se ha escuchado muchas veces en los relatos fantasmales de la Costa, pero muy pocos la conocen a fondo.

Elkin Payares Pacheco, antiguo archivista de la aduana y el retirado historiador de deporte canino, Alirio Rodríguez, hablan de tres enigmáticas cartas que se encontraron en los finales del canódromo que crearon polémica e incertidumbre por la historia escalofriante y fantástica escritas por una mujer.

En ella una joven llamada Natasha Bohórquez le escribía a un desconsolado apostador llamado Ariel Rocha lo siguiente: “No te hagas ya más ilusiones, no soy la mujer para ti. A pesar de ser mi primer amor necesito alguien que cumpla con mis gastos como lo ha hecho Adolfo, y pronto me iré con él a Francia, lo siento eres pobre si cambia tu fortuna puedes que cambies esta historia”.

Esta carta reposa en mano del antiguo cronista canino Ariel Rocha, quien explica que según lo que cuenta la leyenda Ariel Rocha, después de leer esta carta lloró amargamente en la grada del canódromo una noche lluviosa cuando no habían carrera, hasta que un hombre con un perro negro le ofreció un trato contado en la última carta: “Lloraba amargamente en la oscuridad cuando un hombre con gabardina negra acompañado de un perro negro me dijo te haré rico y recuperarás tu amor, pero al ganar la decimotercera carrera me darás tu alma. Aquel señor era el diablo, que el señor me perdone, pero por ti firmé el contrato”.

Ariel  apostó con reconocidos hombres adinerados grandes sumas de dinero, ganando con su perro negro ‘Hechizo’, que derrotó a grandes galgos de la época como ‘Alteza’. Estaba lleno de fortuna al punto que decidió escribirle a su amada, pero esta ya se había marchado para Francia. Desesperado en su la última carta al final cuenta lo siguiente: “De nada sirve este pacto con el diablo te marchaste con él y falta la decimotercera y última carrera, así que huiré, soltare al perro no cumpliré con este contrato”.

Los sucesos que acontecieron después harían popular esta historia. En 1969 encontraron en las afueras del canódromo a un hombre muerto, Ariel Rocha, desangrado por el cuello y al lado un enorme perro negro con ojos rojos que desapareció en la oscuridad.

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